EDITORIAL Nº 69

Esther Pujol

Parece que con la vacunación masiva que se está llevando a cabo a nivel mundial estamos empezando a vislumbrar y a creer en la vuelta a la normalidad. Ahora bien, esa normalidad será, debería ser, diferente. Algo debemos o deberíamos haber aprendido.

El sector textil ha sido uno de los más afectados por esta crisis sanitaria, la enésima para un sector que ya lleva años en crisis. No obstante, ha sido también la pandemia la que ha puesto sobre la mesa las consecuencias de la deslocalización sufrida por este sector durante las últimas décadas. Al inicio de la misma no sólo se produjo un parón del textil-moda, del fast fashion -que al fin y al cabo no dejó a nadie sin prendas de vestir ya que todos teníamos el armario lleno- más importante fue la falta de prendas de protección sanitaria y mascarillas para la población, tan necesarias como eran en aquellos primeros momentos, y siguen siendo aún a día de hoy. En este sentido debemos agradecer a las empresas textiles locales su rápida reacción, su capacidad de reinvención y adaptación de sus instalaciones, en un tiempo récord, para la producción de esos elementos de protección tan necesarios.

Por otra parte, llevamos años hablando acerca de la necesidad de replantear totalmente esta industria en aras de la sostenibilidad. Sostenibilidad en todos sus aspectos: económico, social y ecológico. Es sabido por todos que nuestras empresas de producción textil locales llevan años trabajando en esa dirección: conseguir generar valor económico minimizando el impacto medioambiental de sus procesos y contribuyendo de forma activa al bienestar y al progreso de nuestra sociedad.

Tampoco debemos olvidar que cada día son más las personas conscientes de que el cambio climático avanza muy rápido y es por ello que debemos actuar ya para contrarrestarlo y salvaguardar en lo posible la salud de nuestro planeta. A esto añadiremos el hecho de que ya existen hoy en día las herramientas necesarias para poder mostrar al consumidor el impacto ambiental de los textiles que adquiere.

Después de lo comentado me pregunto ¿Qué futuro le depara a nuestra industria textil?

Difícil respuesta en estos momentos de incertidumbre, de no saber si habrá nuevos rebrotes y aun así tener que tomar decisiones importantes acerca de hacia dónde debemos encaminar nuestros negocios… Lo que está claro es que ahora más que nunca el sector debe ser apoyado, ¿por quién? Por todos, por las instituciones, por las firmas comerciales apostando por fabricantes y proveedores locales y, muy importante, por los consumidores si es que realmente queremos mantener a salvo el planeta.

Para acabar, haciendo un símil con la situación sanitaria, me gustaría pensar que todos los esfuerzos por parte del sector comentados anteriormente son los componentes de una “vacuna” que lleva muchos años en desarrollo, muchos años adaptándose a nuevas “cepas” y que la pandemia del COVID 19 ha sido el punto de inflexión a partir del cual empezaremos a ver los efectos positivos de la misma. Que así sea.

Antonia Domínguez

 

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